domingo, 18 de marzo de 2012

RELACIONES TOXICAS QUE PUEDEN LLEVARTE A LA MUERTE .

 
 


Hola soy Jorge, originario de Tiquisate (lugar de la costa sur de Guatemala) y nacido en 1970. Hoy quiero contar la historia de un amor que casi me lleva a la tumba; antes  déjame comentar que vengo de una familia disfuncional, un padre alcohólico y una madre sobreprotectora, siendo el mayor de dos hermanos siempre sentí en mi la responsabilidad de brindarle a mi hermano menor y a mi madre el cariño que mi padre jamás nos dio, en una cultura machista típica de nuestros abuelos, padres, pueblos, fue donde me crie y como la mayoría, me deprimía pues no aceptaba mi orientación sexual, pero el tiempo paso y un buen día ya cumplidos los 20 años decidí irme de casa y emigrar a la cabecera departamental de Escuintla, atrás dejaba a mi familia, a los pocos amigos que tuve, en fin llegaba a un nuevo lugar con sueños y con la esperanza de encontrar un amor, ese motor que me hiciera encontrarle un nuevo sentido a mi vida  y vaya que lo encontré.

Lo conocí en una de esas calles que conducían de mi trabajo a mi casa, en realidad siempre fui tímido así que me llené de alegría encontrar una persona que se había dignado a hacerme platica durante mi camino, y no paso más de una semana en que nos hiciéramos novios, a las dos semanas ya estábamos viviendo juntos, en realidad el era mi primer hombre sexualmente hablando, mi primer amor, el único hombre que me hizo ponerme frente a la muerte, su nombre era José (nombre ficticio).

Me fascinaba perderme en sus intensos ojos verdes y su sonrisa 9 años mayor que yo me hacía sentir protegido, sentí que estaba recibiendo el amor y la protección que mi padre jamás me dio.

José venia de padres que lo habían abandonado, se había criado en casa de una tía donde jamás le demostraron afecto, así que cuando me encontró pensó que yo era de su propiedad y yo con una personalidad minada por la falta de amor de mi padre y la sobreprotección de mi madre no dude en permitirle que hiciera de mi vida el infierno más grande de mi vida.
Los primeros meses todos era de maravilla, fue al 4to mes cuando por accidente derrame un vaso de café sobre su pierna que recibí la primera bofetada, pensé que me lo merecía por mi gran error y por no poner atención a lo que hacía.

Empecé a tenerle miedo y eso solo me hizo verlo más grande y yo verme más pequeño, los días que siguieron fueron un desastre total, sus celos empezaron a salir a flote y recibía un golpe cada vez que volteaba a ver a alguien así fuera sin intención, el hombre aquel que conocí se había perdido ahora yo vivía con un demonio.

El tiempo paso, psicológicamente empezó a atormentarme con frases como: “sos feo”  “tu familia no te quiere”  “no tenes a nadie más que te quiera”  “sos solo mío y de nadie más”  “si no sos para mi prefiero verte muerto antes que con otro” Y aunque escribirlo es fácil, vivirlo fue todo lo contrario.

Dos años habían pasado cuando me detuve frente a un espejo,  contemple que mi cuerpo y mi cara no eran ya las de un hombre enamorado, los moretones en mi  espalda ya era algo normal y en algún momento sus golpes dejaron de dolerme, en realidad me creí todo aquello que me dijo, todas esa frases que me decía  minaron mi autoestima, mi personalidad.

Las noches de depresión que durante mi adolescencia tuve por no aceptarme en mi condición de homosexual no eran nada a las interminables noches que había vivido a su lado, en realidad dormir con él me daba miedo, verlo despierto me daba miedo, oír su voz me daba miedo. Yo casi con 22 años parecía un señor cansado, viejo y arrugado.

No fue fácil salir de ese patrón de vida al que me había acostumbrado, hasta sentía que merecía lo que estaba viviendo, ya no tenía confianza en nada y mi mente solo divisaba un futuro negro y sombrío, pensé que jamás saldría de ese abismo.

Llegue a pensar “solo seré feliz si lo asesino, pero iré a dar a la cárcel y ya no quiero sufrir, será mejor suicidarme así se termina todo, no tengo familia que me quiera, no tengo amigos pues los pocos que tenia se habían ido por los celos enfermizos de José, en fin nadie llorara o sentirá mi ausencia”

Pero siempre el destino pone Ángeles en nuestro camino, no todo estaba escrito para mí,  de pronto un vecino que también vivía en los apartamentos donde alquilábamos me invito a una asociación donde llegaban personas codependientes, habían psicólogos que trataban los casos de las personas, otros codependientes que compartían sus historias; claro que ausentarme de la casa por un rato significaba una paliza, pero valía la pena correr el riesgo, valía la pena y yo empecé a aceptarme, a quererme.  Aprendí a verme frente a un espejo y a descubrir que tenía que amarme mucho mas.

Dos meses después de estar en terapia de grupo e individual decidí  que yo no necesitaba ser maltratado para poder sentirme amado, en realidad yo era el único responsable de mi vida y no podía seguir permitiéndole a José que me siguiera maltratando, así que me arme de valor y tome el dinero que había ahorrado y llegue a casa dispuesto a marcharme lejos donde no pudiera encontrarme pues aun sus amenazas me hacían tenerle miedo aunque no tanto como antes, pero al llegar comencé a sentir lástima por él.
¿Quien le haría de comer? ¿Quién ordenaría su ropa? ¿Quién lo cuidaría cuando el enfermera?

Mi niño interior aun en  proceso de sanación sentía miedo, y lo expresaba haciéndome sentir mal por querer abandonar a mi verdugo.
Tontamente decidí quedarme, si,  decidí quedarme, por un mes más y en ese mes recibí  tres palizas por parte de José, una parte de mí, estaba furiosa por no hacer nada y otra parte me decía, no te vayas, ¡nadie más te quiere! ¿Que harás solito? Quédate, haces bien al quedarte.

Pero no hay mal que dure cien años ni tonto que aguante, el 31 de marzo de 1,992 salí  a comprar al súper y al tardarme José salió a buscarme  y aunque yo estaba ya en el pasillo de los apartamentos me tomo del cabello y me tiro al piso, empezó a patearme en la cara y en el abdomen, pero algo dentro de mi sucedió, sentí por mi cuerpo recorrer algo  caliente y en realidad una nube negra cubrió mi mirada, no sé en qué momento me levante y me abalance sobre José.

Lo último que recuerdo es que el mismo vecino que me llevo a la organización para codependientes fue quien se metió entre José y yo, de no haber llegado el,  creo que hubiera asesinado a José, y así lleno de sangre  y sin lavarme ni nada, entre al apartamento, tome mi dinero y me fui, deje todo lo material que juntos habíamos construido en casi 3 años de relación.

Atrás dejaba el tormento, el infierno… dentro de mi algo saltaba de felicidad y aunque sentía miedo porque en verdad lo sentía, no sé de donde me arme de valor y me fui,  decidí empezar una nueva vida.

No fue fácil, tuve que mudarme a otra localidad, encontrar otro trabajo, pero en la medida que empecé a amarme y a valorarme pude ir venciendo cada obstáculo, ahora soy otro; literalmente soy otro.

10 años han pasado; ahora vivo feliz, contento, soy responsable de mis actos, de mi vida y entendí que hay lecciones duras pero al final la enseñanza es muy buena. No estoy justificando la violencia que José utilizo en mi contra, solo estoy diciendo que YO FUI QUIEN PERMITIO QUE LAS COSAS SUCEDIERAN DE ESA MANERA.

Pero aprendí; si,  aprendí.
“EL AMOR EMPIEZA POR MI.  SI YO NO ME AMO,  NADIE MAS LO HARA Y NO SE TRATA EN ESTA VIDA DE BUSCAR QUIEN ME AME; SE TRATA DE ENCONTRAR A ESA PERSONA HONESTA CON QUIEN COMPARTIR EL AMOR Y LA FELICIDAD QUE HAY DENTRO DE MI; ESA PERSONA QUE TAMBIEN SE AME Y QUE BUSQUE A ALGUIEN CON QUIEN COMPARTIR  EL AMOR Y LA FELICIDAD QUE YA EXISTE DENTRO DE ELLA”

Por Jorge Barrios.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Para mi ha sido humillante, en base a mi falso orgullo, el tener que reconocer que este hombre que muchas veces critica a otros, ahora resulta que soy “adicto al sexo” y no puedo saltar de felicidad, al saber que esta es una enfermedad y que es progresiva, y hasta te puede causar demencia como lo experimente en el caso de mi ex pareja , que también se dejo llevar por las garras de estos placeres incontrolados que le volvieron su esclavo y hasta un asesino.

Digo asesino, porque por su adicción al sexo, a pesar de todas las advertencias que le dieron, contrajo VIH, y luego siguió teniendo sexo sin condón. Tuvo una reeinfección que justamente ataco su cerebro, pero también como buen adicto aprendió como no contagiarse, pero como la enfermedad progreso, su dosis de adrenalina ya era la exitación sabiendo que iba a trasmitir el VIH eyaculando en una persona a la cual el ya no veía como ser humano, sino como otro objeto más para complacer su necesidad de placer.

Anónimo dijo...

El adicto al amor mal entendido vive buscando relaciones fantasiosas, siempre busca el hombre o la mujer ideal, pero nunca llegará, porque aunque llegue, le seguirá buscando defectos para seguir con el mismo patrón destructivo. Se vuelve esclavo del sexo y las relaciones promiscuas.
Algunos incluso ponen como objetivo que cuando encuentren a la persona ideal van a dejar este tipo de comportamientos, y cuando lo encuentran, lo hacen. Pero solo la fidelidad dura un mes.

Luego se sigue en el mismo comportamiento destructivo de coqueteo y de infidelidad.